Sobre nosotros
Cuatro uruguayos, un horno y una obsesión: la tarta de queso perfecta.
Esto no empezó con un plan de negocio, sino con un antojo. En Uruguay teníamos panaderías, así que crecimos entre masas, hornos y el olor a manteca caliente. Cuando llegamos a Madrid, esa costumbre siguió viva: cocinar, probar, ajustar… hasta que una tarta de queso salió tan buena que los amigos dejaron de venir a casa por cariño y empezaron a venir por la tarta.
Con vuestras ganas de probar y las nuestras de mejorar, compramos mejores herramientas, más ingredientes y, poco a poco, pasamos del salón de casa a tener nuestro propio obrador. Lo mejor fue que mis padres pudieron dejar la hostelería y sumarse a esto: ahora los tres estamos metidos en harina (literalmente).
No hay máquinas que hagan el trabajo. Aquí todo se mezcla, se hornea y se cuida a mano. No buscamos parecer una gran marca; preferimos seguir siendo un pequeño caos familiar que hace las cosas bien.
Eso somos. Eso es Velhio.
HISTORIAS QUE EMOCIONAN
Hay clientes que dejan huella. Uno nos contó que su padre, con Alzheimer, apenas recuerda nada, salvo la tarta que él le lleva siempre. Esa historia nos hizo entender que, a veces, una receta sencilla puede quedarse grabada más que cualquier cosa.